Cada día que pasa, cada funcionalidad que implementamos con ayuda de IA, me queda más claro: los ingenieros de software van a tener que ser extremadamente versátiles. Frontend, backend, modelado de datos, APIs, servidores, tests, infraestructura. Todo. Especialistas habrá, claro, pero la IA está empujando hacia un perfil mucho más completo, más arquitecto-operador que desarrollador de tareas aisladas.

Ayer resolví tres tickets que hace seis meses habrían sido perfectamente el trabajo de dos personas durante dos días. Cada uno requería tocar más de 15 archivos, atravesando toda la pila: desde el modelo hasta los componentes de front. Le pedí a Cursor que analizara el código y me dijera dónde intervenir. Me propuso un plan, lo revisé, lo ajusté, y luego le pedí que lo ejecutara. Lo hizo bien. En los componentes de frontend propios se lió un poco, y en los tests tuve que intervenir para cuidar buenas prácticas. Pero en hora y media tenía cada funcionalidad lista, probada y con feedback de PR de otro bot de IA.

Esto no es ciencia ficción. Esto está pasando ya. La IA no está reemplazando al ingeniero. Está reemplazando las tareas repetitivas, y ampliando radicalmente el campo de juego para quienes entienden cómo funciona todo el sistema. El que sabe leer el mapa completo, hoy es diez veces más productivo.

Seguiré reportando. Esto se está moviendo rápido.

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