
Ayer tuve una de las mejores experiencias de pago online de mi vida. Y fue… para pagar una multa de tráfico del Ayuntamiento de Madrid.
Tenía la carta de pago, escaneé el código QR, seleccioné Bizum, puse mi número de móvil, confirmé en Revolut y listo. En menos de cinco segundos el trámite estaba hecho.
Más fluido que prácticamente todos los e-commerce. Más rápido que Apple Pay. Un aplauso sincero al Ayuntamiento de Madrid, porque ese flujo está realmente bien diseñado. Y otro a Bizum, porque hace que pagar sea tan fácil que… <ironía on>casi dan ganas de pagar más multas<ironía off>.
Y ahí está la reflexión: cuando los organismos públicos quieren, pueden crear experiencias digitales excelentes. Sencillas, usables, con pocos clics, sin pantallas intermedias ni burocracia digital. Entonces… ¿por qué no aplican ese mismo cuidado a todos los demás trámites?
La otra cara de la historia, claro, es la propia multa. Una "calle" (carretera) de dos carriles limitada a 40 km/h, cuando el entorno y el tráfico invitan a pensar que es de 50. En mi caso, una lección y una pequeña molestia; pero para muchas familias, esa "pequeña" multa puede doler bastante más.
Ojalá los organismos públicos pusieran el mismo empeño en educar a los ciudadanos en vez de castigarles de primeras. La tecnología permite perfectamente que recibas una notificación avisándote de que circulas por encima del límite, enseñarte, y solo si reincides, sancionarte. Eso sí sería una sociedad que confía en sus ciudadanos y les forma, en vez de dar directamente con el palo.
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