Ayer borré mi cuenta de Instagram, después de 14 años. No fue un impulso. Fue una decisión consciente, después de sentir durante mucho tiempo que la aplicación me estaba quitando tiempo. Lo que antes era una herramienta sencilla para compartir fotos con gente cercana, hoy es una fuente inagotable de contenido que no he pedido. Y lo peor es que funciona. Acabas cayendo. Porque te conocen. Porque los incentivos están muy bien alineados —pero no con tus intereses.

Como profesional de producto, no puedo evitar analizar esta evolución. Instagram era un buen producto cuando hacía poco, pero lo hacía muy bien. Hoy, en su intento por maximizar el engagement, ha ido desdibujando su valor principal para ciertos perfiles de usuario. Yo no quiero descubrir creadores. No quiero perder media hora viendo vídeos de gente que no conozco. Solo quiero ver las fotos de quienes decido seguir. Y si no hay nada nuevo, que me diga: ve a vivir tu vida.

Entiendo perfectamente que esto responde a decisiones de negocio. Lo hacen para retener a más gente, durante más tiempo. Pero aquí está la crítica —y es completamente válida—: no nos dejan desengancharnos. No hay un botón que diga “solo quiero ver a quien sigo”. No es una limitación técnica. Es una decisión deliberada, consciente, que está afectando negativamente a cientos de millones de personas. Y esa responsabilidad recae sobre las conciencias de quienes diseñan y mantienen este producto.

El problema es que, pese a todo, me siento huérfano. Porque sigo queriendo eso: una app donde ver qué hacen las personas medianamente cercanas. Pero cualquier alternativa fracasa si mis contactos no están allí. Instagram, en su día, resolvió muy bien el reto de la red: hacer que todo el mundo estuviera dentro. Eso sigue siendo su principal ventaja. Pero también su trampa.

·Ver comentarios en LinkedIn

También puede interesarte

40 clics para pagar dos horas de aparcamiento

Un parquímetro me ha recordado por qué contar los clics y los segundos que le cuesta a tu usuario completar una tarea es clave al diseñar un producto.

5 comportamientos que definen a un Product Engineer

La IA hace que programar sea rápido. El reto que queda es entender el problema, plantear una buena arquitectura y fasear con criterio.

Iterando el prototipo en vivo mientras los usuarios lo prueban

Siempre he hecho tests de usuario para diseñar mejor. Lo que no había vivido antes era poder implementar el feedback en la propia sesión. Lo que antes tardaba semanas, ahora sale en el día.