Cuando un producto está muy bien hecho, nos invade una sensación de armonía y paz mental. No tenemos frustraciones por botones mal ubicados, por decisiones de diseño incomprensibles, ni ese momento de preguntarte “¿por qué lo habrán hecho así?”. Honestamente, casi todos los productos que hacemos tienen esos pequeños o medianos fallos. Por eso, cuando alguien consigue que su producto parezca tan obvio, tan fluido, es una pequeña victoria del diseño bien pensado.

Mi mujer y yo queríamos comprar un despertador sencillo de usar, para que no dependiéramos del móvil en la mesilla de noche. Hace meses estuve analizando unos cuantos, pero todos eran productos pobres con una usabilidad muy mala. En general, los despertadores están muy poco cuidados. La semana pasada se me ocurrió preguntar por recomendaciones a ChatGPT, me descubrió el Lexon Flip Classic y lo compramos.

Cuando lo sacamos de la caja y lo configuramos por primera vez, fue una sensación de paz total. No había instrucciones complejas, no hubo errores de usabilidad. Todo estaba en el lugar justo: los botones para fijar la hora y la alarma donde esperas encontrarlos — sin tener que girarlo y probar mil veces. Tiene un tacto cálido y un equilibrio visual que resulta bonito y no ocupa demasiado. La batería dura meses por lo que no necesitas otro cable conectado.

Ese nivel de cuidado me ha inspirado estos días. Porque, claro, diseñar productos digitales ya tiene sus retos — pero el hardware suma complejidad: tolerancias, materiales, ergonomía, interacciones físicas. Al ver algo tan bien resuelto, me pongo el reto: “mi trabajo también debe aspirar a esto”. Esa es la magia: ser capaz de construir productos que no parezcan un esfuerzo, sino una extensión natural de lo que necesita el usuario.

Así que, si estás leyendo esto y te dedicas a producto, te invito: inspiraos en lo bien hecho. Observad objetos (físicos o digitales) que funcionan perfectamente, que transmiten calma con su uso diario. Y elevad vuestro estándar: copiemos de los mejores, mejoremos lo existente, y esforcémonos por lanzar productos que la gente use disfrutando, sin maldecir al manual o la usabilidad. Ahí es cuando, créeme, se nota la diferencia — tanto para nosotros como para los que usan lo que diseñamos.

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