
El 95% de las empresas en España tienen menos de 10 empleados. Más de la mitad son de una sola persona. Entonces, ¿por qué se legisla como si todas fueran grandes multinacionales?
Hace meses arranqué mi quinta empresa. Y aunque ya sé bien lo que viene, cada vez me sorprende la cantidad de energía, tiempo y dinero que se va en cumplir requisitos legales antes siquiera de tener un negocio que funcione. En esta ocasión, incluso antes de constituirnos, hablamos con varios abogados para entender cómo cumplir con la ley. Los presupuestos iniciales que nos pasaban solo para analizar la situación superaban los 25.000 euros. Montar algo nuevo implica no solo valentía, sino también navegar una maraña normativa pensada para otro tipo de empresa.
Al que comienza no habría que exigirle prácticamente nada el primer año. Debería tener margen para construir, equivocarse, aprender. No para temer cada notificación, cada formulario, cada requerimiento administrativo. Así lo entienden otros países: en Reino Unido o en muchos estados de EEUU, las pequeñas empresas apenas tienen obligaciones. En Estonia, montar y gestionar una empresa es prácticamente automático y 100% online.
Aquí, en cambio, desde el primer trimestre ya tienes que declarar impuestos aunque apenas factures, revisar la protección de datos aunque apenas manejes contactos, justificar gastos europeos, llevar libros contables... y, si no cumples, te enfrentas a sanciones que pueden herir tu proyecto antes de nacer. Me pasó el año pasado: declaré voluntariamente un ingreso que no había incluido en su trimestre correspondiente por olvido. A pesar de actuar de buena fe, Hacienda me multó por reportarlo fuera de plazo más otro extra por pagar fuera de plazo (10 días). ¿Así se trata al que intenta cumplir?
La mayoría de las leyes que nos regulan tienen un sentido: proteger al ciudadano, al consumidor, a la sociedad. Pero legislar pensando en el 0,1% de los abusadores penaliza al 99,9% que solo quiere crear, trabajar y construir honestamente. Ayudar al que emprende no es un favor personal: es apostar por crear más empleo, más innovación y más oportunidades para todos.
Quizá deberíamos pensar en un periodo de gracia real. Un modelo donde, durante el primer año, o mientras no superes 10 empleados o 500.000 euros de facturación anual, puedas tener trámites simplificados, obligaciones fiscales reducidas y menos leyes que te apliquen. Un espacio para crecer antes de ser arrastrado por la burocracia.
Los políticos deberían pelear menos entre ellos y pelear más por algo mucho más importante: hacerle la vida más fácil a los ciudadanos de este país. Ayudar de verdad al que empieza. Apostar por el que arriesga. Simplificar la burocracia para quien hoy solo tiene sueños, no cuentas millonarias.
Si queremos una España más dinámica, más innovadora, más próspera, tenemos que empezar por cambiar cómo tratamos al pequeño empresario.
También puede interesarte

40 clics para pagar dos horas de aparcamiento
Un parquímetro me ha recordado por qué contar los clics y los segundos que le cuesta a tu usuario completar una tarea es clave al diseñar un producto.

5 comportamientos que definen a un Product Engineer
La IA hace que programar sea rápido. El reto que queda es entender el problema, plantear una buena arquitectura y fasear con criterio.
