Desde que empecé a estudiar diseño por mi cuenta, siempre me preocupó un principio básico que me parecía de sentido común: el usuario debe poder ver y entender qué puede hacer con el producto. Por eso, al leer el artículo “Stop hiding my controls” (os lo enlazo en comentarios), me he sentido muy identificado. El artículo pone en palabras una frustración creciente: cada vez más, los controles en nuestras interfaces están ocultos o disfrazados. Y cuando no los ves, simplemente no existen para ti como usuario.

Hace solo unos días, conduciendo un coche de alquiler, me convencí de que no tenía regulador de velocidad. No veía el control en ninguna parte. Tras varias horas, empecé a palpar a ciegas debajo del volante, y descubrí una palanca escondida, sin visibilidad ni indicación clara. Solo probando en marcha, con ensayo y error, entendí cuál botón activaba qué. ¿Cómo puede ser que algo tan útil esté oculto así? ¿Y cómo puede una interfaz exigir interacción a ciegas mientras conduces?

Un reto creciente que enfrentan muchos productos es que cada vez cubren más necesidades y funcionalidades, y simplemente ya no caben todos los controles en la pantalla. Esto obliga a ocultarlos, agruparlos o disfrazarlos, y como resultado, la interfaz se vuelve más densa, más confusa y, muchas veces, menos usable. Algunas herramientas intentan resolver esto con buscadores, y posiblemente en el futuro se imponga el uso de voz y agentes AI como forma de invocar funciones. Pero tanto la búsqueda escrita como la voz requieren que el usuario ya sepa lo que quiere hacer. ¿Y qué pasa con quien no lo sabe? Quien necesita ver, descubrir, explorar. Si todo está oculto o solo se accede mediante comandos, estamos dejando fuera a quienes más apoyo necesitan.

No se trata solo de estética o de “minimalismo”. Se trata de empatía. De pensar si lo que hemos diseñado realmente lo puede usar quien lo necesita. A veces ocultamos acciones creyendo que así todo se ve más limpio. Pero lo que estamos haciendo es enterrar funcionalidades que con tanto esfuerzo diseñamos e implementamos.

Por eso, desde aquí lanzo una petición a todos vosotros que diseñáis y construís productos: pongamos cariño en las interfaces. Escuchemos a los usuarios, observémoslos. Hagamos pruebas. Pensemos con calma antes de tomar atajos visuales. Porque el buen diseño no es solo el que se ve bien, sino el que se entiende y se usa bien.

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