
Una de las formas más potentes y sorprendentes en las que estoy utilizando ChatGPT, es como copiloto de diseño. Le paso capturas de Figma, o pantallazos de productos, y me devuelve sugerencias razonadas que tienen mucho sentido. Me ayuda a revisar estructuras y contenido de las interfaces, dándome un feedback muy útil que mejora muchísimo la usabilidad y claridad de los mensajes.
Al principio me sorprendía. ¿Cómo iba a interpretar bien una estructura visual un modelo de lenguaje? Pero claro, estos modelos son capaces de “leer” distancias, jerarquías visuales, textos... y analizar la experiencia casi como lo haría un usuario. Cuando les pido feedback desde el punto de vista de un perfil concreto (por ejemplo: “ponte el gorro de un usuario nuevo que no entiende bien este flujo”), los resultados son sorprendentemente buenos. Muchas veces ya aterrizo propuestas de diseño que están en un 9 o 10 de usabilidad... a la primera.
Con los copies pasa lo mismo: labels, botones, mensajes contextuales, errores... Como ya he comentado en otras ocasiones, los textos son una de las áreas donde menos atención se suele poner, y sin embargo tienen un impacto enorme en la experiencia de usuario. Lo bueno de la IA es que puede adoptar casi cualquier rol: se sabe el lenguaje de esos perfiles, su contexto, sus prioridades... aunque a veces hay que vigilar ciertos sesgos. Esto nos permite recibir feedback inmediato, desde distintos puntos de vista, y encontrar esas palabras más claras, más humanas, más alineadas con lo que nuestro usuario necesita.
Si estáis diseñando productos, flujos o simplemente queréis validar una interfaz, os animo de verdad a usar la IA como copiloto. Dejad el ego del diseñador un momento y probadlo. No sustituye la prueba con usuarios reales, por supuesto, pero ayuda muchísimo a llegar a esas primeras versiones mucho más afinadas.
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