
Si los dueños de apartamentos turísticos vivieran en ellos algunas semanas al año, la calidad de la experiencia para los huéspedes aumentaría de forma espectacular. Este verano he estado en dos apartamentos distintos y la diferencia era evidente: en uno parecía que lo acababan de poner en alquiler y faltaba prácticamente todo en la cocina y en la casa; en el otro, bastante mejor, pero aún con detalles que rompían la experiencia. En ambos casos, quedó claro que nadie había vivido ahí el tiempo suficiente como para detectar lo que faltaba.
En producto existe un concepto llamado dogfooding: usar tu propio producto para entender realmente cómo funciona y dónde falla. Cuando lo aplicamos, nos damos cuenta de carencias que ningún informe de usuario podría transmitir con la misma claridad. Si lo trasladamos al mundo de los apartamentos turísticos, la idea es sencilla: que el propietario viva en su propio apartamento un par de semanas al año. Porque por mucho que escuches el feedback de clientes, nadie te va a contar todo, y menos si es un comentario “incómodo”. Pero si tú mismo intentas cocinar, hacer la colada o pasar una semana con niños en tu apartamento... te garantizo que vas a detectar lo que falta.
Y lo que falta muchas veces no es caro: cuencos, vasos de agua suficientes, pinzas para la ropa, pastillas de lavavajillas, sal, aceite... cosas que cualquiera tiene en su propia casa y que marcan la diferencia entre una estancia funcional y una estancia agradable. Sin embargo, parece que muchos propietarios van a lo mínimo, casi como si su objetivo fuera gastar lo menos posible, sin entender que esa inversión mínima se traduce en mejores reseñas, más ocupación y mejores tarifas.
Entiendo que existe el riesgo de que algún huésped abuse y se lleve cosas. Pero creo que confiar en la mayoría decente sale mucho más rentable que pensar en la minoría aprovechada. Si el objetivo es que la experiencia sea tan buena que el cliente repita y recomiende, el coste de esos detalles es ridículo en comparación con el beneficio.
Yo no hablo como dueño, sino como cliente recurrente de Airbnb y Booking, y desde hace tiempo —sobre todo viajando con mi hija— tengo claro que un apartamento bien equipado te cambia el viaje. Me pregunto si plataformas como Airbnb deberían incluso incentivar u obligar a los dueños a hacer dogfooding de sus propiedades.
¿Habéis notado esa diferencia entre un apartamento “vivido” y uno “mínimo para alquilar”? ¿Como se puede aplicar esta idea en el sector?
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